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... Ser fiel a uno mismo...

 Si miramos con cuidado nuestro comportamiento, nos damos cuenta  que jugamos roles distintos a lo largo de nuestra vida. Cumplimos con el rol de hijo, de padre, de hermano, con un rol laboral, con un rol de amigo, vecino, amante y todo lo que se les pueda imaginar.
En cada personaje nos desenvolveremos de una manera distinta... no le hablaremos a nuestro jefe de la misma manera con la que hablaríamos con nuestro padre,

Los roles son necesarios y existen para marcar jerarquía, marcar diferencia, cierto órden, y todos los seres humanos desplegamos distintos aspectos de nuestra personalidad para comunicarnos de determinada manera, según las diferentes situaciones y circunstancias. Cuando nos conocemos y nos aceptamos completamente, sabemos que esto es así.

Ahora…¿qué ocurre cuando no estamos mostrando nuestra personalidad, sino la que los demás esperan de nosotros?
 Es ahí, cuando nuestras máscaras entran en acción! y en vez de comportarnos como la hija que queremos ser, comenzamos a ser lo que nuestros padres quieren, desplazando por completo nuestros propios deseos. Deseamos ser un tipo de esposa (o), pero nuestra personalidad no es lo suficientemente agradable para el otro, así que nos convertimos en lo que nuestro marido o esposa anhela, nos dejamos moldear según sus caprichos y casi sin darnos cuenta.

 Es aquí cuando no estamos jugando con la complejidad de nuestra personalidad humana, sino que nos convertimos en máquinas de brindarle satisfacción a los demás y creamos nuestras propias máscaras, intercambiables de acuerdo a la situación, máscaras que nos confunden a nosotros mismos e intentan aplastar quiénes somos realmente. Otra razón por la cual  adoptamos distintos personajes, es porque no tenemos  claro quiénes somos.

En la adolescencia, cuando vamos moldeando nuestra personalidad y experimentando cómo queremos ser, es usual ver a los jóvenes cambiando constantemente. En este caso es algo saludable, ya que están experimentando para sentirse más cómodos, intentando descifrar sus ideales, su carácter, empujados por la curiosidad y no por las demandas de los demás. Si se cuenta con un buen ambiente familiar, un lugar donde se habilite a los adolescentes a buscarse a sí mismos, sin prejuicios y, desde la paciencia y el amor, podrán encontrar su propio rumbo de manera natural y sin mayores problemas.  
 Aprender a utilizar nuestras habilidades, es poder decidir, cuando hablar o... callar, cuando ser el alma de la fiesta o cuando escuchar, estar satisfechos con nuestras habilidades sociales es muy importante, un vínculo social estable y agradable es otro de los ingredientes para ser feliz.
Que nuestras máscaras no sean tal, que vivamos para agradarle a los demás, ya que es una de las tareas más complicadas y que más daño nos puede causar.  Pensemos que cuando estamos haciendo feliz a alguien con nuestra actitud, podemos estar haciendo sentir mal a otra persona, por lo tanto es necesario comprender, que los demás no pueden tener el poder de convertirse en los termómetros de nuestra personalidad. Si solamente nos guiamos por los caprichos de los otros, nuestra personalidad comienza a tambalear, nuestros pilares se derrumban y quedamos a merced de los otros, como si fuéramos una muñeca sin vida, con la cual todos pueden hacer lo que  les plazca.

 No podemos confundir las partes de nuestro verdadero ser, con las máscaras que los demás pretenden imponernos,  ser fiel a uno mismo,  es el mejor regalo que podemos brindarnos, conocer lo que realmente  queremos, nos servirá como faro en un mar de gente cambiante.

 No olvidemos que los deseos de los demás van cambiando, sus exigencias, sus preferencias, pero lo que no debe cambiar, a menos que así lo decidamos, somos nosotros, nuestros ideales, nuestras creencias, nuestras metas, no importa que el mundo en ciertos momentos esté en contra nuestra.
 Quítate la máscara, líberate de las ataduras y comienza a ser tú, a tu manera, sin dañar a nadie,  descifra quién eres y qué quieres de la vida... de tu vida...

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