jueves, 20 de enero de 2011

Esperando la ayuda de Dios...


Hubo una inundación muy grande en un pueblo pequeño... todas las personas buscaron la manera de salvarse, pero un hombre se quedó solo en ese lugar, subió al techo de su casa y rezaba incansablemente pidiendo que Dios lo salvara.
Éste, confiaba plenamente en el Señor y estaba seguro que lo salvaría, de repente fue interrumpido por un hombre que pasaba en una balsa invitándolo a subir, sin embargo el hombre respondió “Dios me salvará” y lo dejó ir.
Luego pasaron un hombre en un bote, luego una lancha y finalmente un helicóptero.
A todos los rechazó diciendo: “Dios me salvará.”
Finalmente se ahogó y llegó al cielo. Dios lo recibió a la entrada.
El hombre, molesto, le dijo a Dios:
“¿Por qué no me salvaste si yo confiaba en ti?”
Dios le respondió: “¿Y la balsa, el bote, la lancha y el helicóptero que te mandé?

Hay una verdad fundamental, en el momento que uno pide a Dios y se compromete a sí mismo a creer... entonces la providencia se mueve también.
Muchas cosas ocurren para ayudarnos, que de otra manera nunca hubiesen ocurrido, es como un manantial de eventos provenientes de la decisión de haber pedido y de creer que realmente somos escuchados, procurando en favor de uno toda clase de incidentes, uniones y ayuda material inesperados que ninguna persona hubiese soñado que llegarían en su camino.
Todo lo que puedas hacer o soñar hacer, ¡comiénzalo! Funciona... ¡casi como por arte de magia!

La voluntad de Dios es venir siempre en nuestra ayuda, y ayudarnos a lograr la plenitud en nuestra vida, de Dios fluyen todas las bendiciones, lo que suele suceder es que aprendemos las lecciones de la vida que debemos aprender de dos maneras: ya sea mediante hacer usos de las leyes naturales o mediante sufrir las consecuencias de no observar esas leyes...

Como en la historia que se narra al comienzo de este artículo, la energía de Dios de alguna manera nos guía y dirige a hacer las cosas que realizarán lo que hemos pedido, solo que en ocasiones no vemos lo que está frente a nosotros, porque es muy simple, porque esperamos que los milagros se presenten con bombos y platillos, o simplemente porque nos limitamos a aprender... y no hacer nada, no tomamos ninguna acción.

Para terminar me gustaría compartir con ustedes este cuento...

Dios y los Científicos...
Cierto día un grupo de científicos deciden hablar personalmente con Dios, sobre algunos asuntos que desde hacia años tenían pendientes. Le pidieron una audiencia a la cual Él aceptó muy a pesar suyo.
Los científicos le dijeron: “Dios, verás desde hace años que los hombres podemos hacer nuestros propios milagros, ya tenemos a la tecnología más avanzada y podemos hacer prácticamente lo que queramos. Así que creemos que ya es hora de que te jubiles y nos dejes todo a nosotros solos”. Dios muy extrañado por estas palabras respondió: “Pero aún necesitan de mí, sin mí ustedes estarían casi perdidos ¿Quién los ayudaría cuando todo lo demás falle?”
Los científicos rieron sarcásticamente y respondieron: “Bueno, ya nos la hemos arreglado antes y podremos hacerlo de nuevo”.
Dios reflexionó un momento y finalmente les dijo: “Muy bien,  les propongo que hagamos un concurso, yo contra ustedes, vamos a crear como en los viejos tiempos... un hombre echo de barro y darle vida, si ustedes lo consiguen me voy para siempre, si no, me quedo ¿Qué opinan?”
Los científicos rieron ante la tremenda facilidad del reto que se les imponía y respondieron confiados: “De acuerdo, como tú quieras”.
Entonces se inclinaron y empezaron a recoger tierra, pero Dios los detuvo diciéndoles: “Un momento, no tan rápido”. Los científicos se detuvieron y Dios dijo: “Ustedes búsquense su propia tierra”.
Ante ésta revelación se dieron cuenta que nunca podrían ganar.



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