viernes, 21 de enero de 2011

El trípode... y La mula

Sirve para sostener objetos firmemente...

... ahora pensemos en la persistencia como un trípode para sostener la motivación, el deseo y la visión que tenemos de un objetivo específico.
Si cualquiera de estos aspectos esta débil, los otros por más fuertes que estén no podrán soportar la persistencia, pues es ella la que está unida y los otros la influyen.

La motivación es esencial... es la que nos mueve a hacer las cosas, sin ella tenderemos a procrastinar y a no hacer nada.

El deseo... de acuerdo al grado de intensidad con el que queramos nuestro objetivo, en ese mismo grado vamos a trabajar para conseguirlo. Si el deseo es intenso, éste influirá en la motivación para alcanzarlo, y por lo tanto haremos todo lo que sea necesario.

La visión será la encargada de darnos el rumbo, la dirección a donde queremos llegar. Con motivación y deseo es posible lograr muchas cosas... pero si hace falta la visión, éstas no tendrán rumbo, no tendrían propósito... Y solo con visión... faltarían las acciones que la motivación y el deseo aportan.

A medida que mejoramos cada una de estas partes (motivación-deseo-visión) fortalecemos la persistencia, y esto nos permitirá dar un paso más a pesar de los problemas que tengamos, y a su vez tendremos muchas más ganas de efectuar más acciones hacia la consecución de nuestros objetivos.
La persistencia está unida a la acción porque es la que nos permite continuar avanzando en vez de retirarnos.

P E R O...

Hoy quiero compartir algunas diferencias que considero importantes entre quienes son  persistentes y los que caen en la categoría de ser: “tercos como una mula”.


Persistente es quien sabe lo que quiere, lucha por lo que quiere, y procura obtenerlo sin necesidad de pisotear su propia dignidad y la dignidad de los demás. Tiene sus metas claras y analiza las diferentes posibilidades para alcanzarlas, siempre buscando el bienestar propio y de quienes lo rodean.
El terco, conoce lo que quiere y lucha por eso, sin medirse en la forma. Para un terco el fin sí justifica los medios. Lucha sin cesar,  aunque en su afán se lleve de encuentro a quienes sea necesario. No mide las consecuencias.


Una persona persistente, mide la profundidad de una situación sin precipitarse. Aplica el conocido proverbio chino que dice: “Alguien inteligente, no mide la profundidad de un río con ambos pies”.  Conoce sus limitaciones y busca la forma de superarlas. Analiza sus debilidades y las acepta, sin caer en la tentación de sentirse menos por causa de ellas.
El terco afirma continuamente que “el que no arriesga no gana”, aunque los pronósticos le indiquen que puede fallar. Se “avienta” continuamente y eso puede llevarlo de fracaso en fracaso. Su justificación cuando falla  es simple: “¡Así son las cosas y pues ni modo!”.


Quien es persistente, sabe ser flexible ante las circunstancias de la vida. Se adapta a los cambios y procura modificar su estrategia en caso necesario. Identifica el cambio como algo natural en su vida, y sabe que quien tiene éxito  es quien sabe  adaptarse a lo que sucede. Recuerda continuamente que nuestras reacciones son fundamentales ante lo que nos sucede, y que el 90 por ciento de lo que nos pasa en la vida es equivalente a las reacciones que tenemos.
El terco, por el contrario, no acepta los cambios, ni mucho menos las sugerencias de los demás. Un cambio que no le convenga, significa una agresión hacia su persona. Busca siempre la forma de salirse con la suya.


El persistente, sabe escuchar los argumentos de la otra persona. Analiza sus objeciones y  busca la manera de convencer ¡sin hostigar! Cuántos vendedores de seguros conocemos que caen en la obstinación y en la terquedad con el afán de que compremos su producto. No generalizo, obviamente, pero admiro a quien maneja objeciones con profesionalismo  sin caer en la terquedad.  La preparación  y el conocimiento de las reglas básicas en las relaciones humanas, son fundamentales para conocer el manejo de objeciones en la carrera de las ventas.
El terco no escucha argumentos que vayan en su contra. Es obstinado en sus pensamientos y acciones, negándose  a toda costa  en dar cabida a  los argumentos de los demás.


Quien tiene el don de persistir, ve los fracasos como oportunidades. Aprende de los errores y procura no volver a cometerlos. Identifica dónde estuvo la falla sin necesidad de buscar culpables. Su afán por llegar a las metas, le impide perder el tiempo en buscar con quién desahogar sus frustraciones.
Obviamente, el terco siempre busca culpables de los errores que él comete y hace hasta lo imposible para que otros paguen su error. De esa forma tratan de redimir su falla y seguir obstinados en su afán de lograr lo que se proponen.


Vale la pena analizar nuestras acciones y verificar en cual grupo caemos.

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