viernes, 28 de enero de 2011

¿Cómo es tu dialogo Interno?


La calidad de las palabras que nos emitimos es una de las formas más poderosas que tenemos para mejorar o dañar nuestra autoimagén, autoconfianza y desde luego nuestra autoestima.

Si proyectamos hacia nosotros una energía positiva por medio de nuestro dialogo interno, indudablemente esa misma proyección la estaremos haciendo hacia los demás, con mejores resultados en nuestras relaciones personales y profesionales.
Por el contrario, si lo hacemos desde parámetros negativos, como: no pude, no soy creativo, no tengo tiempo o dinero, siempre el mismo estúpido, toda mi vida ha sido una lucha,  etc... usando negaciones y/o proposiciones que cierran, proyectaremos eso mismo hacia nuestra vida y hacia los demás.  

Quiero enfatizar la enorme importancia de reformular estos conceptos.
La palabra es el segundo nivel de creación (pensamiento/palabra/acto) y si la utilizamos mal se nos hace muy complicado remontar la fase de construir cualquier cosa, y de hacer, ser y tener lo que deseamos.

Escúchate hablar contigo mismo y con otros, escribe tus dichos negativos o cerrados, ¿Cuál es la pregunta que te haces cuando te encuentras ante un problema o una situación difícil?
Recuerda que tu cerebro es más poderoso que una sofisticada computadora a tu servicio. Él responde con precisión a la forma cómo te hablas a ti mismo y a las preguntas que te haces.

Si te preguntas:

- "¿Por qué soy siempre tan estúpido?" de inmediato tu mente te dará los argumentos que serán una respuesta satisfactoria.

- "¿Por qué tengo tan mala suerte?" entonces tu mente te recordará todas las razones para sentirte desafortunado. O te enfocará en los aspectos difíciles y desagradables de tu vida.

Si en cambio te preguntas:

- "¿Qué hice mal?" o "¿Cómo hago para no repetir este error? " tu mente te ayudará a encontrar una salida constructiva.

Los científicos e investigadores del comportamiento han determinado que las personas que logran mejores resultados se hacen ciertas preguntas ante las situaciones difíciles. 
Te puedes hacer preguntas que te debiliten o preguntas que te fortalezcan.

Si ante un problema eliges alguna o varias de las siguientes preguntas, crearás confusión y emociones dolorosas.

Ejemplos de preguntas que debilitan:

- "¿Por que a mí?"
- "¿Por qué yo tengo tan mala suerte?"
- "¿Por qué a mí todo me sale mal?"
- "¿Por qué le caeré mal a la gente?"
- "¿Por qué a mí nadie me quiere o me comprende?"
- "¿Por qué a mí me cuesta tanto aprender?"
- "¿Cuánto me durará mi mala suerte?"
- "¿Por qué a mí nunca me tienen en cuenta?"
- "¿Por qué no me valoran?" o "¿Por qué a nadie le importa lo mío?"

Todas éstas son preguntas que te inducen a generalizar o exagerar lo difícil y sobre todo a desconocer o menospreciar tus cualidades y recursos. Además notarás que las respuestas a estas preguntas te dificultarán la resolución de cualquier problema y por encima de todo generarán en ti autocompasión, aislamiento, culpa y resentimiento.

Si en cambio eliges hacerte preguntas asertivas tu mente se enfocará en lo que depende de ti, te ayudará a definir tu problema y tus recursos de una manera más constructiva. Estas preguntas te ayudarán a sentirte más fuerte y optimista y con más control sobre los resultados.

Ejemplos de preguntas con poder y que te fortalecen:

- "¿Cómo puedo salir mejor de este problema?"
- "¿Qué hice mal?" o "¿Qué error cometí?"
- "¿Cómo puedo acercarme a esta persona tan complicada?"
- "¿Cómo puedo ganar el apoyo hasta de los más renuentes?"
- "¿En qué áreas tengo que prepararme mejor?"
- "¿Qué lección me deja este problema?"
- "¿Cómo hago para no repetir el mismo error?"
- "¿Qué cualidades o recursos tengo que me ayudarán a encontrar una salida?"
- "¿Qué tiene de positivo esta situación?"

Te invito a observar el poder de tus preguntas, a estar más conciente de tu propio lenguaje interior y a disfrutar de las diferencias.