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Ganar/Ganar...

Cuando nos relacionamos con los demás, la única actitud y el único comportamiento válido, es tomar la posición "Yo gano, tu ganas"...

Como seres humanos, nuestra realización se lleva a cabo a través de las relaciones que establecemos con otras personas... familiares, profesionales, laborales, sociales, de pareja, etc, etc, y existe una tendencia natural a buscar la ganancia propia, a salise con la suya, a derrotar al adversario, a conseguir los fines que nos proponemos, a ser los primeros en cualquier valoración, resumiendo, nuestra posición tiende a "Yo gano, tu pierdes".

A veces, por el contrario, "alguien" decide abnegadamente
sacrificarse por otra persona, y es cuando la situación se convierte en "Yo pierdo, tu ganas"; o también frecuentemente vemos posiciones de "Yo pierdo, tu pierdes", donde el espíritu destructivo lleva a que nadie pueda ganar.

Todos estos enfoques son erróneos, y por consiguiente no podríamos sostener una relación duradera,  sincera, respetuosa, convirtiendo así nuestras relaciones interpersonales en poco o nada satisfactorias.

Aprender a construir relaciones significativas y sostenibles requiere de un gran esfuerzo y aplicar algunos puntos que mencionaré a continuación:

- La mejor manera de cambiar una relación es cambiando uno mismo.
Es natural querer cambiar una relación pretendiendo que la otra persona cambie, y en el mejor de los casos estamos dispuestos a cambiar algo, si hay un cambio de la otra parte, pero... la experiencia indica, que pretender hacerlo de esta forma, lo único que conseguimos es agravar la relación.
Cuando tomamos conciencia de que lo único que está en nuestras manos para cambiar una relación es uno mismo, asumimos el control de la relación y dejamos de estar dependiendo de la otra parte.
El cambio personal no implica necesariamente un cambio en la otra persona, pero sí en la relación misma entre los dos.

- Revise sus paradigmas sobre los demás. Busque lo positivo de cada persona.
Los paradigmas son representaciones mentales que nos hemos ido formando a lo largo de nuestra vida, bien sea por experiencias propias o por modelos sociales o educativos, etc. Están en nuestra mente, y actúan como filtro de la realidad, es decir que vemos la vida de una manera determinada.
Por lo general, los conceptos que tenemos sobre las otras personas, los hemos matizado, y casi siempre son prejuicios que solemos realizar.
Cuando conocemos más y mejor a alguien, los paradigmas se modifican, y solemos prestar especial atención a los aspectos positivos,  de esta forma es mucho más fácil avanzar en la relación.

- Gánese la confianza de las personas.
Indudablemente la confianza es la base de las relaciones humanas, la confianza no se exige sino que se gana, es necesario merecerla. Cuando rompemos una relación personal o profesional con otra, en últimas es porque no quedaba ningún saldo de confianza con ella.
Merecernos la confianza de los demás, se logra por medio de nuestras cualidades y valores que conforman nuestra integridad.
Cuando nos relacionamos con los demás, la única actitud y el único comportamiento válido, es tomar la posición "Yo gano, tu ganas". Es la forma como nos vamos ganando la confianza de los demás y demostramos nuestra integridad.

- Escuchar con empatía.
Sabemos que escuchar es algo más que oír, supone un interés genuino por conocer el pensamiento de la otra persona, sin prejuzgar el mensaje, captando el significado de las palabras que se pronuncian, comprendiendo las ideas y entendiendo la situación.
Se escucha con empatía cuando se captan los sentimientos de la otra persona, su estado de ánimo, requiere desde luego un interés real por la persona,  generosidad y también a su vez,  habilidad para no dejarnos manipular.

- Ser asertivos al expresarnos.
No es suficiente con querer y saber escuchar, también es necesario saber expresarnos adecuadamente, decir lo que queremos decir sin tensiones internas, de un modo claro y con sentido positivo, ser muy respetuosos a la hora de manifestar nuestras opiniones, e igualmente saber exigir de modo firme y sereno, rechazando cualquier mal trato, lo mismo que cualquier proposición que no deseemos aceptar.

- Distinguir entre la persona y su conducta.
Podemos discrepar de la conducta o de las ideas, pero aceptamos a la persona, la valoramos por lo que es, más que por lo que hace o piensa.
Todos poseemos una dignidad que nadie puede ni debe ofender, si necesitamos interpelar o corregir, o ... discrepamos y lo hacemos de modo positivo, las relaciones no tienen porque  deteriorarsen. 

La llamada Regla de Oro, presente en todas las civilizaciones, es un criterio seguro para acertar en la conducta a seguir en cualquier relación humana:

"Trate a los demás como quiere que le traten a usted" 

Fuente: La inteligencia emocional. Daniel Goleman y Los siete hábitos de la gente altamente efectiva. Covey.





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