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Lujuria... Gula... Avaricia...Pereza... Ira... Envidia... Soberbia

... de la naturaleza humana, sentimientos autodestructivos si no los controlamos...


 Son conocidos como los 7 Pecados Capitales, el Catolicismo y el Cristianismo así lo transmiten, cada uno de ellos fué recopilado y clasificado por San Gregorio Magno (540-604 d.C), también conocido como Gregorio I, el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia Católica. Durante años han sido fuertemente devatidos y han sido objeto de diferentes interpretaciones...

No es mi intención en éste artículo tratar el tema como "Pecados Capitales", pretendo ahondar un poco más sobre estos sentimientos autodestructivos de naturaleza humana, que nos acompañan desde nuestros primeros años de vida, cuando empezamos a relacionarnos con el grupo familiar y social al cual cada uno pertenecemos.

Controlar nuestras conductas, valorar nuestras cualidades, es crecer y evolucionar,

 es permitirnos reconocer que todos de una forma u otra y en determinada medida, nos hemos visto envueltos, contaminados o salpicados por estos sentimientos.

 Cuando hablamos de "lujuria" nos referimos a pensamientos o deseos obsesivos o excesivos de naturaleza sexual que al no ser controlados se puede convertir fácilmente en un vicio.

 La "gula", interpretada como el consumo excesivo de comida y bebida... destruye nuestra salud.

La "avaricia", similar a la lujuria y la gula, pero aplicada a la adquisición de riquezas, va tornando a la persona que la sufre, frustración, al nunca estar satisfecho con lo que ha conseguido y anhelando siempre más y más sin medida, termina siendo un ser infeliz y curiosamente vacio.

 La "pereza", es la tristeza de ánimo, es la falta de objetivos, de metas, poco a poco nos aparta de nuestras obligaciones, al caer en ella fácilmente vemos como la vida no tiene sentido y caemos en profundas depresiones.

 La "ira", no poder controlar ese entimiento nos vuelve huraños, vivir con odios y enojos, no saber perdonar, nos carcome lentamente... causándonos antipatías en nuestras relaciones interpersonales, hasta alejarnos de todos y quedar completamente solos.

La "envidia", muy relacionada con la avaricia, deseando siempre algo que los demás tienen, éxito... fama... poder... belleza... dinero... sin percatarse de que cada uno obtiene lo que ha sembrado, dejando de lado sus propios triunfos para anhelar los de otros.

Por último, la "soberbia" u orgullo, el deseo por ser más importante, el más destacado y reconocido entre todos, "después de mí... la pared", quien se cree indispensable en todas partes, el centro de todas las reuniones... cuando realmente lo que siente es una gran desconfianza hacia si mismo, no valora a los demás, no se permite ser humilde, no puede vivir sin ser reconocido.

Éste último es la fuente de casi todos los otros sentimientos destructivos, pues al no obtener el reconocimiento que cree que se merece, cae fácilmente en los otros.

Termino haciendo una reflexión sobre las palabras y enseñanzas de Jesús:


 "Aquel que se sienta libre de culpa, que lance la primera piedra".

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