martes, 1 de marzo de 2011

Crisis... problemas... dificultades... ¿Y ahora qué hago?

Cuentan que un día un campesino le pidió a Dios que le permitiera mandar sobre la naturaleza para que -según él - le rindieran mejor sus cosechas. ¡Y Dios se lo concedió!
Entonces cuando el campesino quería lluvia ligera, así sucedía; cuando pedía sol, éste brillaba en su esplendor; si necesitaba más agua, llovía más regularmente; etc.
Pero cuando llegó el tiempo de recoger, su sorpresa y asombro fueron grandes, porque resultó que su cocecha fué un total fracaso. Desconcertado y medio molesto le preguntó a Dios por qué salió así la cosa, si él había puesto los climas que creyó convenientes.
Pero Dios le contestó: "tú pediste lo que quisiste, más no lo que de verdad convenía. Nunca pediste tormentas, y éstas son muy necesarias para limpiar la siembra, ahuyentar aves y animales que la consumen y purificarla de plagas que la destruyen".

Suele ocurrirnos a todos en las diferentes etapas de la vida, pedimos y deseamos solo lo mejor, pero... debemos entender que la vida también trae problemas y dificultades... y que aunque suene extraño, son necesarios para crecer, aprender y valorarnos.

Las dificultades económicas más allá de ser un problema netamente monetario, es un problema que se relaciona con nuestra salud emocional, con el estrés, causado por diferentes motivos, pero el más frecuente en estos tiempos de crisis es por las dificultades económicas.  El tener o no tener como satisfacer nuestras necesidades, en la mayoría de los casos es cuestión de dinero, hasta el punto de generarnos graves crisis personales además de las económicas.

Ninguna crisis o problema económico es fácil de superar, pero hay algunos factores que son decisivos para entenderla, superarla o quedarnos en ese estado.

Hay personas que al momento de estar inmersos en una dificultad económica de gran escala, sufren grandes episodios emocionales que afectan su comportamiento y pueden llegar a padecer una gran depresión o por el contrario, pueden tolerar esas emociones negativas, venciendo la dificultad, hasta el punto de aprender de ella.

La diferencia entre la primera persona y la segunda lo podemos denominar como la pauta explicativa, es decir, la forma como cada una de las personas se explica a si mismo los éxitos y fracasos que le suceden.

La permanencia, nos habla del tiempo que nosotros creemos que puede durar el problema que estamos padeciendo, es decir, si al momento de que a una persona la despiden de la organización en la cual labora, cree que nunca va a salir de esa situación y da por imposible encontrar trabajo, sus emociones negativas lo invaden y erosionan su motivación para enfrentar el problema, pero, si al contrario piensa que esta dificultad es circunstancial y que más adelante la situación va a cambiar, las emociones que lo acompañan son positivas, motivándolo a enfrentar el problema.

La penetración, se relaciona con el alcance de si esa situación es positiva o negativa en los diferentes ámbitos de su vida.  Esto quiere decir, que si sufre algún contratiempo económico, siguiendo el mismo ejemplo de un despido, encontramos que algunas personas que piensan que el haber tenido una dificultad en el campo laboral,  es producto de que es incapaz en la mayoría de las cosas a las que se dedica, incapacitándolo de ser bueno en las demás áreas, como la familiar, educativa o social y descuidando los otros aspectos de la vida, sintiéndose fracasado. Al contrario, existe la persona que cree, que a lo mejor en el empleo en el que trabajaba no era tan bueno, pero sigue siendo un buen padre, una buena persona para su familia y para la comunidad.  El que piensa de la última manera encuentra una sola causa a la cual debe apuntar para poder salir adelante de la dificultad y encuentra en las demás esferas de su vida la motivación suficiente para seguir  en la búsqueda de otro trabajo.

Y por último encontramos la personalización, que es la explicación que nos damos a nosotros mismos, sobre quién tiene la culpa de nuestros contratiempos. Esta es muy importante, porque está relacionada con nuestra autoestima. Si tomamos otra vez el caso de la persona que pierde el empleo, puede creer que el motivo de su despido se debió a que era un incompetente, o que tiene limitaciones cognitivas para desempeñar su trabajo, esto hace que sienta culpa hacia si mismo y por ende tiende a sentirse muy mal a la hora de buscar una nueva oportunidad laboral. O por el contrario, creer que dentro de las necesidades específicas de la empresa, éstas no estaban ajustadas a su forma de trabajo. En el primer caso, solo lograremos sentirnos mucho peor de lo normal, diferente de la segunda explicación, que nos motiva a buscar alguna otra opción de empleo que valore nuestras competencias y aptitudes.

A modo de resumen, al momento de una crisis económica deberíamos pensar que los contratiempos y fracasos son temporales (en algún momento pasarán), que solo se limitan a una esfera de nuestra vida (nos puede ir mal financieramente pero seguimos siendo valiosos para nuestra familia y/o comunidad) y que la culpa no es siempre de nosotros.  Esto nos ayuda a mantener un equilibrio emocional para enfrentar las dificultades que se presenten.