jueves, 24 de febrero de 2011

¿Cuál es tu límite?

Si bien es cierto que nosotros debemos tener el firme propósito de amar con total decisión a los demás seres humanos, eso no implica que seamos tontos y que nos dejemos manejar, manipular... agredir y dañar por los otros.
Muchas personas se equivocan cuando piensan y actúan sobre los demás, creen que las personas que deseamos y practicamos la armonía y la buena voluntad, somos personas apocadas, mensas e incapaces de defender nuestros derechos.

Se puede dar nuevas oportunidades, también comprender ampliamente, perdonar una y otra vez, querer vivir en total armonía con los demás, pero... todo tiene su límite, y así lo tenemos que entender.

¿Cuál es ese límite?

Creo que hay valores que marcan el terreno, por ejemplo: no podemos ceder nuestra libertad, como tampoco podemos permitir que las personas nos impongan decisiones y busquen así negar nuestra capacidad de autodeterminarnos.

Los seres humanos... siempre debemos reconocer nuestra dignidad, somos personas con un valor y no podemos permitir  que nadie lo menosprecie. ¡Que nadie se sienta mal por hacerse valer!

En las relaciones interpersonales habrá que dejar en claro nuestra pocisión en más de una ocasión, y nos veremos obligados a decir a las personas que no estamos de acuerdo con sus comportamientos y que no se lo vamos a permitir. Ahora bien, todo esto tiene que ser de una manera asertiva, sin violencia y sin perder el control, porque de lo contrario estaríamos en el mismo nivel que la otra persona.

Podemos decir NO y podemos mostrarle a los demás nuestro enfado y molestia por sus palabras y/o sus comportamientos, lo importante es no perder la paz, y no permitir que floresca la rabia, es hablar con firmeza pero con tranquilidad, actuar en justicia, siendo claros con cada persona, no permitiendo que porque seamos abiertos y amables se puedan aprovechar de nosotros.

Actuar con serenidad, prudencia y capacidad de comprensión para entender las situaciones, para saber decir las cosas y saber mostrar los errores, es nuestro deber y una prioridad en nuestro comportamiento con los demás.
La asertividad parte de la idea de que todo ser humano tiene derecho a ser tratado con respeto y dignidad, al igual que tiene la capacidad de defender y reclamar sus derechos... pero sin agredir. Cuando nos respetamos a nosotros mismos y tenemos en alta nuestra autoestima, también respetamos a los demás y podemos comunicar de forma confiada y equilibrada nuestros pensamientos y sentimientos, sin vernos afectados por la culpa y la ansiedad, permitiéndonos decir NO a peticiones o exigencias de los demás con las cuales no estemos de acuerdo.

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