miércoles, 6 de abril de 2011

¿Discípulo... o seguidor a ciegas?

Cuando leas este artículo imagínate que estás de compras: toma y aprovecha sólo aquellas ideas que te interesen, no tienes por qué creer en todo lo que te dicen, pero... permítete a tí mismo una oportunidad, intenta leerlo con mentalidad abierta, si te parece que lo encuentras acertado, prueba a hacerlo, lo que no te parezca... deséchalo.

Recuerda esto: "En todo lo que hagas, intenta ser un discípulo, no un seguidor a ciegas.

Vamos a enfocarnos en 3 palabras:


Riqueza: es una palabra que inspira en la mente de las personas gran variedad de imágenes y a veces, también conceptos conflictivos, cada uno enfoca la riqueza desde su propia perspectiva. Para ciertas personas, riqueza puede significar el tener suficiente dinero para hacer todo lo que desean, para otras, puede consistir en estar libre de deudas, otras personas más pueden considerar que su significado está en la oportunidad de desarrollar su propia personalidad y alcanzar el éxito, y otros más aplicarán la palabra riqueza a otros conceptos diferentes, pueden ser ricos en experiencia, ricos en amor, ricos en cultura... en amigos... en vida familiar, etc.

Hoy quiero enfocarme en la palabra riqueza, como aquella que proporciona independencia económica.
La cantidad concreta que cada persona necesita para sentirse rico, también diferirá mucho de unos a otros, aunque nuestra ilusión básica es la misma... sentirnos libres de estrecheces económicas, tener libertad de elección y la oportunidad de crear y compartir.

Lo primero será tener bien definido lo que para ti significa riqueza, luego tener claro el concepto de riqueza material... ¿Cuánto dinero te haría falta para considerarte financieramente libre? No pretendo  centrarme en una riqueza de multimillonarios, sino aquella que te proporcione independencia económica.

Ahora nos centramos en la palabra Felicidad, es algo que tambien todos perseguimos, es la alegría que generalmente acompaña a toda actividad positiva, sin embargo, al igual que la riqueza, a menudo se entiende de muy varidas formas.
Se da tanto en el placer de descubrir como en la alegría del saber, o de conocer, la armonía de vivir, y también es el gozo de los que se marcan una meta en la vida y la alcanzan.

Podemos expresar por felicidad también como la habilidad para reaccionar de forma receptiva ante lo que la vida nos ofrece, conscientes del poder positivo de la vida y del amor.
Pero la felicidad es algo más que una sensación general, es también un método, una forma de pensar, que organiza todos nuestros sentimientos, actividades, modos de vivir, etc., en otras palabras la felicidad es una manera de interpretar el mundo y sus acontecimientos.
La felicidad consiste en valorar y apreciar lo que tenemos, es la satisfacción por la labor diaria, incluyendo las tareas ingratas, de las que muy pocos nos libramos.

La felicidad es disfrutar de la vida y rodearnos de personas con sentido común, es una amplia variedad de experiencias y recuerdos que se convierten en inapreciables valores a la hora de gastar o de invertir.
La felicidad es una actividad con un propósito, no es algo perdido en el pasado, o la cima que alcanzaremos en el futuro, es lo que podemos sentir en el presente, y aunque algunas veces es esquiva... alcanzarla es posible para todos.

La fórmula para hallar la riqueza y la felicidad podríamos decir que es con la Autodisciplina.

La autodisciplina es el puente de unión entre las ideas y los resultados... el pegamento que une la inspiración con la realización... la magia que convierte una necesidad financiera en la creación de una inspirada obra.
La autodisciplina la comprendemos bien si somos conscientes de que un aparato, para volar, necesita elevarse contra el viento, de que todas las cosas buenas las realizan los que estan dispuestos a nadar contra la corriente, de que deambular por la vida sin rumbo solo nos conduce a la amargura y al fracaso.

La autodisciplina es la base, los cimientos sobre los que se construyen los éxitos, es la llave maestra que abre las puertas de la riqueza y de la felicidad, de la realización personal, de la satisfacción y triunfo que de ellas se derivan.

Por el contrario el fracaso no es un único acontecimiento, raramente es el resultado de algo aislado, más bien suele ser la consecuencia de una larga serie de pequeños fracasos acumulados que tienen lugar por falta de autodisciplina.
Se produce cada vez que no pensamos... hoy, actuar... hoy, esforzarnos... hoy, subir, aprender, o simplemente continuar... hoy.
Si nuestro objetivo exige que hoy escribamos diez cartas y sólo hacemos cinco, llevamos un retraso de cinco cartas... hoy; si nos comprometemos a realizar ocho llamadas por teléfono y sólo hacemos tres, llevamos un retraso de cinco llamadas... hoy; si nuestro plan financiero exigía ahorrar un dinero y no hemos ahorrado ninguno, llevamos una desventaja de dinero... hoy.

La actitud más peligrosa es analizar el día malgastado y concluir que nada grave nos ha ocurrido, al fin y al cabo se trata de solo un día, pero... si sumamos esos días hasta completar un año y sumamos esos años hasta completar una vida, quizá comprendamos que la repetición de los pequeños retrasos diarios pueden fácilmente convertir toda nuestra vida en un desastre.

El éxito sigue el mismo camino... pero a la inversa, si hemos hecho un plan para realizar diez llamadas y superamos la cuota hasta llegar a quince, hemos adelantado cinco llamadas... hoy, de la misma forma con el plan de ahorro o lo que tengamos en nuestros planes, y pronto veremos acumular los frutos a lo largo del año y finalmente a lo largo de la vida.

Si somos conscientes de la importancia de la autodisciplina en la propia vida, cabe preguntarnos entonces...
¿Qué es lo que hace falta para conseguir una buena autodisciplina?
La respuesta es ... otra pregunta: ¿Qué es lo que quiero conseguir en esta vida?  y otra más...
¿Qué es lo que debo cambiar en mi vida para conseguir esos objetivos?
Luego con toda sinceridad pregúntese a sí mismo... ¿Estoy dispuesto (a) a realizar el esfuerzo requerido?
Si la respuesta es sí, propóngase con firmeza a mantener su autodisciplina durante un largo período de tiempo, con inteligencia, de forma consecuente con lo que quiere.

No podemos olvidar que todos nuestros buenos propósitos serán puestos a prueba cuando surja alguna circunstancia que pueda interferir en el mantenimiento de nuestra autodisciplina, es ahí cuando deberemos actuar contra viento y marea.
La autodisciplina nos proporcionará muchas cosas, pero lo más importante será que nos convertirá en seres safisfechos de nosotros mismos.

Algunas personas creen que la disciplina es algo antinatural, piensan que bastante hacen con vivir, la realidad nos demuestra que la autodisciplina coopera con la naturaleza, donde todo es un continuo esfuerzo.

La autodisciplina atrae las buenas oportunidades, combina la actividad y la inteligencia ... da fuerza a la cortesía que desarrolla acciones positivas y controla pensamientos negativos, se anima con el éxito y se niega a aceptar el fracaso... mejora la salud y frena la enfermedad.

No digas: "Si pudiera, lo haría..." por el contrario, debes decir: "Si quisiera, podría... Si quiero puedo".

(He tomado algunos apartes del libro "7 estrategias" de Jin Rohn)

En el artículo anterior les sugería usar las afirmaciones, repetir verbalmente unas palabras, esas afirmaciones deben ir respaldadas por la autodisciplina necesaria para actuar sobre las cosas que se afirman, no actuar diciendo una cosa en directa contradicción con lo que afirmamos, sólo conseguiríamos engañarnos, si afirmamos que: "Cada día en todos los sentidos estoy mejor y mejor" debemos actuar consecuentemente con lo que afirmamos, tanto en el pensamiento como en la acción, de esta forma albergamos ideas y realizamos actos para que nos conduzcan a estar mejor.

En el siguiente artículo les indicaré cómo convertir ese esfuerzo que significa la autodisciplina en riqueza, es el primer paso inteligente para lograr nuestros sueños y objetivos