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viernes

Aprendiendo a perder...

No se nos enseña a perder!!! El Mundo es de los ganadores, de los que nunca se dan por vencidos, de los Poderosos!.
Es una educación antisabiduría que alimenta la idea absurda de que sólo el éxito conduce a la felicidad. Por el contrario reconocer la derrota y saber aceptarla es señal de inteligencia . Resignarse cuando algo escapa de nuestro control es sabiduría; desprenderse del futuro es trascendencia.

El sabio no espera nada o muy poco, porque esperar casi siempre está relacionado con la ansiedad. Por lo general, deseamos alcanzar lo que "no disfrutamos y  quisiéramos gozar más adelante", lo que "no conocemos y quisiéramos conocer", o lo que "no podemos hacer y quisiéramos hacerlo".
Es la trampa de la esperanza que se instala en la carencia. Es la terrible sensación de que siempre falta algo.

Spinoza afirmaba en la Ética: "No hay esperanza sin temor, y no hay temor sin esperanza".

A veces hay que esperanzarse y a veces hay que tirar la toalla. ¿Buda o Jesús?  Ambos.

Un aspecto importante de la sabiduría, tal como nos lo enseñaron los estoicos, es precisamente aprender a discernir cuándo se justifica y cuándo no, cuándo hay que insistir y cuándo hay que abandonar el campo de batalla, lo que no significa cobardía, sino prudencia.
Más concretamente: esforzarse en lo que depende de uno, si es importante y vale la pena, y renunciar a lo que no puede desearse por inconveniente o no puede lograrse por exceder las propias capacidades. Esto es: Saber perder, saber ganar. 

¿Y el ideal de la Felicidad?  No existe. La Felicidad, tal como la entendemos en nuestra cultura occidental, es el deseo de sostener el placer indefinidamente, es la quimera de la alegría eterna, de la no frustración y del control total, semejante creencia a lo único que puede conducir es a ser esclavos de una felicidad inalcanzable, a una carga más que a un alivio.

Una idea más razonable y práctica de la felicidad supone ubicarla en el aquí y en el ahora.


¿Qué significa? 


Sencillamente estar feliz mientras hago lo que quiero, disfruto lo que tengo, disfruto lo que no me falta, si el placer se acaba, dejarlo ir, y no aferrarnos.
Aprender a perder significa que cuando lo bueno se acabó, se acabó, no me aferro, no le hago pataleta a la vida, es un conformismo...  pero avispado y oportuno.

Cuando te encuentres ante algún acontecimiento difícil, no obres impulsiva mente, tómate tu tiempo y analiza cuidadosamente cuál es la forma más sana de comportarte, acepta el juego de lo imprevisible, de ser proceso y no estado, bajar la cabeza y guardarse el ego en el bolsillo y vivir dignamente pese a todo. Y todo esto no quiere decir que perdamos el optimismo, eso nunca, sólo que podemos desarrollar una estrategia de afrontamiento que no implique un mal mayor a mediano o largo plazo, de esta forma estaremos por encima de la ansiedad, entendiendo que un número considerable de eventos escaparan a nuestro control.



Fuente: Tomado de  "Esquemas saludables" de Walter Riso, de su Libro: Pensar bien, sentirse bien. 


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