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martes

Crecer...


Cuanta verdad se encierra en estas palabras...

Es imposible atravesar la vida... sin que un trabajo te salga mal hecho, sin que algunas amistades causen decepción, sin padecer alguna vez de salud, sin que nadie de la familia fallezca, sin que un amor te abandone... sin equivocarse en un negocio. Ese es el costo de vivir.

Sin embargo, lo importante no es lo que suceda, sino como reaccionamos nosotros...

Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes, vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar. Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.
Uno crece al aceptar la realidad y al tener el aplomo de vivirla.
Crece cuando acepta su destino, y tiene voluntad de trabajar para cambiarlo.
Uno crece asimilando y aprendiendo de lo que deja detrás... construyendo y proyectando lo que tiene por delante.
Crece cuando se supera, se valora, y da frutos. Cuando abre camino dejando huellas, asimilando experiencias... ¡Y siembra raíces!

Uno crece cuando se impone metas, sin importarle comentarios negativos, ni prejuicios, cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes... cuando se es fuerte por carácter, sostenido por formación, sensible por temperamento... Y humano por nacimiento!...

Cuándo eres tú mismo. Cuando enfrentas el invierno aunque pierda las hojas, recoges flores aunque tengan espinas y marcas camino aunque se levante el polvo.
Uno crece ayudando a sus semejantes, conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe... Uno crece cuando se planta para no retroceder... Cuando se defiende como águila para no dejar de volar... Cuando se clava como ancla en el mar y se ilumina como estrella. Entonces... Uno Crece.

 DESCONOZCO EL AUTOR



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