Me siguen

lunes

Conquistando los miedos

Temía estar solo, hasta que aprendí a quererme a mí mismo. Temía fracasar, hasta que me di cuenta que únicamente fracaso si no lo intento.
Temía lo que la gente opinara de mí, hasta que me di cuenta de que de todos modos opinarían de mí.
Temía me rechazaran, hasta que entendí que debía tener fe en mi mismo y en Dios.
Temía al dolor, hasta que aprendí que éste es necesario para crecer.
Temía a la verdad, hasta que descubrí la fealdad de las mentiras.
Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final, sino más bien el comienzo.
Temía al odio, hasta que me di cuenta que no es otra cosa más que ignorancia.
Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mí mismo.
Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día.
Temía al pasado, hasta que comprendí que no podía herirme más.
Temía a la oscuridad, hasta que vi la belleza de la luz de una estrella.
Temía al cambio, hasta que vi que aún la mariposa más hermosa necesitaba pasar por una metamorfosis antes de volar.
Desconozco su autor

domingo

Una jugada maestra... para obtener mejores resultados


¿Recuerdas la fábula?

Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para dirimir el asunto, decidieron correr una carrera, eligieron una ruta y comenzaron la competencia.
La liebre arrancó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante algún tiempo, luego al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha, pero pronto se durmió.
La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y terminó primera, declarándose vencedora indiscutible.

Moraleja: Los lentos y estables ganan la carrera.

Pero la historia no termina aquí: la liebre, decepcionada, tras haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció sus errores, descubrió que había perdido la carrera por ser presumida y descuidada.
Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca le hubiesen vencido.
Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia, esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente.

Moraleja: Los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.

Pero la historia tampoco termina aquí: tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad, como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería, por eso, desafió a la liebre, pero propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente.
La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río, como la liebre no sabía nadar, se preguntaba ¿qué hago ahora?, mientras tanto la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso y terminó en primer lugar.

Moraleja: Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar)  cambian el entorno para aprovecharlo y llegar primeros.

Pero la historia tampoco termina aquí: el tiempo pasó, y tanto compartieron la liebre y la tortuga, que terminaron haciéndose buenas amigas.
Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera... pero esta vez corriendo en equipo.
En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río, allí la tortuga atravesó el río con la liebre sobre su caparazón y, sobre la orilla de enfrente, la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta la meta.
Como alcanzaron la línea de llegada en un tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción que aquella que habían experimentado en sus logros individuales.

Moraleja: Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales, pero... a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas ambos potenciar las habilidades de cada uno, no seremos completamente efectivos. Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor.

La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital...

Cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros recursos... y obtenemos mejores resultados!!!!!

sábado

La gratitud puede cambiar todo en tu vida

Simplemente comience a sentir verdadera gratitud por lo que tiene. Mire a su alrededor... su familia, su mascota, cualquier cosa que le provoque amor y gratitud, y permanezca en ese sentimiento, esta energía le ayudará a manifestar lo que desea.

Miremos el universo en el cual vivimos... es un lugar donde todo funciona por leyes, como decía Wallace Wattles en su libro "La ciencia de Hacerse Rico", "Hay una ley de gratitud, y si quieres obtener los resultados que buscas, es abosolutamente necesario que observes esta ley".
Si estamos agradecidos por todo, nos estamos enfocando en lo que queremos, ésta es la razón por la que casi todos los que enseñan sobre la ley de atracción insisten en que veamos nuestros deseos... ya logrados y los agradezcas!
Es una manera poderosa de asegurarnos que estamos poniendo una fuerte energía en la consecución de lo que deseamos.

También decía Wattles, "La gente que sinceramente puede estar agradecida por cosas de las cuales son dueños sólo en su imaginación, tienen fe real. Se harán ricos y van a causar la creación de cualquier cosa que deseen. La gratitud los mantendrá muy de cerca con la armonía del pensamiento creativo y les impedirá caer en el pensamiento competitivo, los alejará del error de pensar que la provisión de riquezas es limitada - ¡Y pensar eso sería fatal para la consecución de sus deseos"

Cuando ponemos nuestra energía en lo que deseamos y agradecemos porque ya lo poseemos, manifestamos en nuestro subconsciente una situación real que acelera el proceso y nos lleva más rápido a obtener lo deseado, puesto que hemos redirigido la energía a lo que queremos, funciona así: poner la energía que ya sabemos que existe, solo crea más de la misma, porque hemos manifestado una emoción, un sentimiento que en este caso es de agradecimiento por lo feliz que nos hace tener... tal cosa, nuestro deseo; pero ojo... igual sucede para lo que no deseamos, pues concentramos toda la energía en la experiencia "mala", nos invade una emoción, un sentimiento... y nuestro subconsciente solo crea más de lo mismo.  Es necesario aclarar que el subconsciente no distingue entre bueno o malo.

Bueno, ya estamos bien con la ley de la gratitud, ahora sabemos que tenemos un universo amigable y abundante, no vamos a discutir con lo que es, trataremos de encontrar lo bueno en todo y esto nos permitirá ser felices y agradecidos.

Ahora, ¿qué más podemos hacer?

Lo siguiente tal vez no te guste del todo, a mi me tomo mucho tiempo entender esto, es una sola palabra...

P E R D O N A R.

Perdonar a todo aquel que alguna vez te hizo algo y por lo cual aún cargas algún resentimiento.
El hombre que te engañó en aquel negocio... la cuñada que nunca te pagó... la maestra que te dió un cero que no te merecías, el exnovio que te trató..., esa amiga íntima que te quitó tu pareja... etc, habrá que hacer una lista para tratar de recordar que hay dentro de nosotros que aún nos causa malestar y resentimiento.

Y aquí esta cómo sabrás si los has perdonado:
¿Puedes desearle genuinamente lo mejor?

El perdón a medias no va a hacer el trabajo, lo tienes que hacer completamente, el perdón no es algo que haces por otra persona, es algo que haces por ti mismo.
El resentimiento a largo plazo tiene efectos secundarios desagradables en tu cuerpo. Pueden aparecer enfermedades, ataques al corazón, cáncer etc, no vale la pena cargar con eso.

El primer paso para liberarse de deudas es soltar a todo aquel que nos debe algo, incluye las deudas emocionales que llamamos resentimientos, no podemos recibir lo que no estamos dispuestos a dar, recordemos que este universo se mueve por leyes, y hay una ley de causa y efecto, cada pensamiento que plantamos, viene a nosotros multiplicado, los resentimientos son pensamientos hacia alguien o algo que siempre regresan a nosotros de una manera u otra.

Por esta razón, cada área de tu vida donde tú no puedes perdonar o no perdonas, es un bloqueo en el fluir de lo que deseas obtener. La única manera de terminar esta obstrucción es estar dispuesto a soltar la persona o situación con gratitud por lo que te han traído.
Recuerda que el universo funciona por ley y no por azar, no hay coincidencias en las personas que se aparecen en nuestras vidas, y como el universo es amigable, así no lo creamos o lo entendamos, ellas - las personas, situaciones etc,- no aparecen para castigarnos, sino con frecuencia para enseñarnos.
Si aplicamos otra ley, la ley de polos opuestos, y sabemos que hay un beneficio, una enseñanza, un regalo, en algún lado de esa experiencia con esa persona o situación, podremos encontrar ese regalo, si buscamos, pero a veces necesitamos distanciarnos de los eventos sucedidos para verlos claramente.

Después de todo, lo que hicieron no tenía nada que ver con nosotros, solo tenía que ver con ellos, cuando verdaderamente podamos disculparlos y desearles el bien, entonces habremos cortado las cadenas de resentimientos que nos amarraban y seremos libres de seguir nuestro camino.

Hay una reflexión que encontré en un libro sobre el perdón: " El resentimiento es como tomarse uno el veneno y esperar a que la otra persona muera". Anónimo.

Y el último paso es dar con agradecimiento y contínuamente, hacerlo te permite colocarte en el fluir de la vida, y te conviertes en una entrada y salida para que el universo abundante trabaje justamente a través de ti.
Da sinceramente, amor, palabras amables, dinero, cosas... lo que sea, pero recuerda que a nosotros el universo nos paga con la misma moneda que damos, así pues, si necesitas dinero, da dinero, (hay muchisimas formas para hacerlo), si necesitas tiempo, da tiempo, si necesitas comprensión, da comprensión, si necesitas....xxx,  da .....xxxx.

Al tomar la acción de dar, demostramos la gratitud por lo que tenemos.

"Si parece que estamos experimentando dificultades es porque no estamos en el fluir de la vida. Una de las mejores maneras de entrar en el fluir es a través del dar" Eric Butterworth.



viernes

Las mejores semillas

Somos responsables de cualquier acción emprendida por nosotros aunque lo hagamos de una manera inconsciente y las consecuencias son también nuestra obra... por una ley natural e inviolable de la vida... todo lo que sale de nosotros se nos regresa multiplicado.

¿Estamos sembrando lo que esperamos cosechar? o  por el contrario podríamos arrepentirnos más adelante por los pensamientos, palabras y acciones profesados hoy.

 Cabe también preguntarnos si nuestra situación actual,  podría ser consecuencia de nuestras acciones pasadas.
Si nos detenemos por un momento para reflexionar sobre... porqué nos encontramos en las situaciones que vivimos actualmente y logramos establecer una relación entre éstas y nuestro comportamiento pasado, podremos darnos cuenta que tenemos las riendas de nuestras vidas en nuestras manos y que siempre ha sido así.

Esto podría significar una gran ventaja en nuestras vidas, pues nos volvería conscientes de la trascendencia de lo que hasta ahora considerábamos como acciones sin importancia y  pondría nuestro futuro en perspectiva al verlo desde un punto de vista tan amplio que considere a todo y a todos los que nos rodean como parte integral de un plan común para nuestro crecimiento y desarrollo.

A partir de este momento cada situación en la vida se convierte en una oportunidad para probarnos a nosotros mismos, para ver si somos capaces de resistir la tentación de dejar fluir los primeros impulsos que nos inciten a actuar, y así mejorarnos aprovechando cada oportunidad para crecer que se nos ofrece.

Comienza entonces un periodo de nuestras vidas en el cual nos volvemos conscientes de la relación que existe entre nuestras acciones y sus consecuencias, permitiéndonos moldear nuestro comportamiento acorde con lo que esperamos recibir de la vida.

Cuento... Las mejores semillas

Un empresario agricultor, de poco estudio, participaba todos los años en la principal feria de agricultura de su ciudad. Lo más extraordinario es que él siempre ganaba año tras año, el trofeo: maíz del año. Entraba con su maíz en la feria y salía con la faja azul recubriendo su pecho. Su maíz era cada vez mejor.

En una ocasión de esas, un reportero de televisión abordó al agricultor después de la tradicional colocación de la faja de campeón. Él quedó muy intrigado con la revelación del agricultor, de como acostumbraba a cultivar su calificado y valioso producto. El reportero descubrió que el agricultor compartía buena parte de las mejores semillas de su plantación de maíz con sus vecinos.

- "¿Cómo puede usted compartir sus mejores semillas con sus vecinos, cuando ellos están compitiendo directamente con usted?"

El agricultor respondió:

- "¿Usted no sabe? ¡Es simple!. El viento recoge el polen del maíz maduro y lo lleva de campo en campo. Si mis vecinos cultivaran maíz inferior al mío, la polinización degradaría continuamente la calidad de mi maíz. Si yo quiero cultivar maíz bueno, tengo que ayudarlos a cultivar el mejor maíz, cediendo a ellos las mejores semillas."

Los Reyes Magos... son de verdad

Estos son sus nombres... y éstas sus fotos.

Melchor, un anciano blanco con barbas blancas. Su regalo para Jesús fue oro.
El Oro, representa su naturaleza real.

Gaspar, joven y rubio. Su regalo fue el incienso.
El Incienso, representa la naturaleza Divina de Jesús. La alabanza, la gloria, el honor y el poder.

Baltasar, de raza negra. Su regalo fue mirra.
La Mirra, representa la naturaleza humana de Jesús, su sufrimiento y muerte futura. Lo amargo de nuestra vida, nuestros dolores y sufrimientos, que se los damos al Niño Jesús.

Y este es un bello cuento...

Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle
como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el
colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
- ¿Papa?
- Sí, hija, cuéntame
- Oye, quiero... que me digas la verdad
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
- Es que... -titubeó Cristina
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir
el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido
como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y
tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen
porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos
pero...
- ¿Entonces es verdad? - cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis
engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen
-respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina.
- Entonces no lo entiendo papá.
- Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya
ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras
señalaba con la mano el asiento a su lado.
Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que
le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió
de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

-Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por
una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos
en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan
feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a
todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de
hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de
niños como hay en el mundo. Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba
escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos
magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el
mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su
deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy
atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a
ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para
poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas.
Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que
pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no
podemos tener tantos pajes, no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos
pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres
Reyes con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer
mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los
niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje respondieron cada vez más
entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y
los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios
estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes
de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno
que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan
en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a
sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños
sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los
propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores
para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de
entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus
padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias
a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña
se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me
queréis y que no me habéis engañado.
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano
mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año
que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.