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martes

Es la Felicidad una decisión ?

FELIZ NAVIDAD...  FELICES FIESTAS... FELIZ AÑO NUEVO

Hoy quiero compartirles este articulo, me pareció propicio para estos días navideños... donde todos intentamos buscar la felicidad, creemos encontrarla en muchas partes y solemos confundirla con la alegría... Es como una paradoja... se vende todo por conseguirla y se adquiere de todo por conservarla... pide ser permanente y se confunde con lo efímero... depende de las circunstancias? o de mi?... es objetiva o subjetiva?... en donde la podremos encontrar?


Felicidad... difícil definirla y describirla, todos tenemos respuestas muy diferentes, lo cual demuestra como decía Aristóteles... todos estamos de acuerdo en que queremos ser felices pero en cuanto intentamos aclarar como podemos serlo empiezan las discrepancias.

 





Escrito por http://www.aishlatino.com,






Para que nuestra alma pueda elevarnos a un estado de conciencia e inspiración, debe tener combustible. La felicidad es el combustible.


La felicidad es como la gasolina en un avión. Quítasela y no despegará.


La felicidad tiene dos marcos: el presente y el futuro.


Algunos de los gurus espirituales aconsejan a la gente vivir sólo el presente. Si sólo viviéramos el "ahora" y no pensáramos en el futuro - ellos dicen - la vida sería feliz. Pero he visto que eso realmente no funciona. La gente piensa mucho en el futuro y está bien hacerlo; deben hacerlo. Por otro lado, si sólo piensas en el futuro nunca disfrutarás lo que estás viviendo ahora. Un amigo mío se fue una vez de vacaciones con su familia a Hawai. Cuando regresó le pregunté cómo le había ido.


"¡Horrible!" - me dijo.


"¿Cómo pueden ser horribles unas vacaciones en Hawai?".


"Todo lo que hice fue tomar fotos" - me dijo - "Tengo tres álbumes, pero casi no tuve ningún momento para relajarme".


Eso es lo que llamamos vivir el futuro.


Entonces, ¿cómo podemos lograr la felicidad en el presente y la alegría por el futuro?


Vivir el Momento


Vamos a empezar analizando cómo ser feliz en el presente. Les daré un ejercicio que realmente les aconsejo que hagan, pues los resultados serán divertidos y sorprendentes.


Haz una lista de 25 cosas que creas que necesitas para ser totalmente feliz. No te limites, escribe libremente sin preocuparte sobre cómo se verá tu lista al terminar.


Aquí hay algunas cosas que la gente que asiste a mis seminarios generalmente escribe en sus listas:
Un millón de dólares.
Un billón de dólares.
Un crucero de seis meses alrededor del mundo.
Ser el Presidente.
Un Porsche.
Un matrimonio perfecto.
Ser famoso.
Tener mi propio show de TV.
Hijos sanos.
Padres que se lleven bien.
Una mansión.
Un avión privado.


Tienes que admitir que son cosas increíbles. Pero, ¿realmente estas adquisiciones te harían feliz?


Eso depende de lo que la felicidad signifique para ti. Creo que es un buen momento para definir nuestro tema. La felicidad significa tener placer de lo que tienes.


Seguro que no vas a ser feliz por las cosas que no tienes. La felicidad es caminar en un día soleado y sentir de repente un sentimiento fuerte de placer, o llegar a casa después del trabajo y ser recibido por tu hijo.


Cuando te sientas a comer en un restaurante elegante definitivamente te sientes muy bien y eso es porque estás feliz, estás disfrutando de lo que tienes.


Tener y No Tener


Sin embargo, observa las cosas que aparecen en las listas de las personas. Una cosa es clara: Si quieren ser felices están transitando por el camino equivocado. No estoy diciendo que no deberían luchar por todas esas cosas, sino que simplemente deberían disfrutar y tener placer de las cosas que ya tienen.


Observa tu propia lista. ¿Cuántas de las cosas que has escrito tienes actualmente? Si sólo tienes algunas e inclusive si no tienes ninguna, seguro estarás diciendo: "Mi felicidad depende de X, Y y Z". Sinceramente espero que las obtengas en un futuro cercano, pero ¿qué hay acerca de ser feliz hoy?


Lo que quiero que veas es que ya tienes muchas e increíbles bendiciones. Es muy enriquecedor y productivo notarlas y es por eso que quiero que hagas otra lista. Esta vez escribe 25 de las bendiciones más grandes que tienes actualmente en tu vida.


Estas son algunas de las cosas que la gente comúnmente escribe en sus listas:
Tengo manos.
Tengo pies.
Tengo ojos.
Mis padres están vivos.
Uno de mis padres está vivo.
Estoy vivo.
Tengo hijos.
Tengo un buen amigo.
Tengo una casa.
Amo a mi esposa o esposo.
Mi esposa o esposo me ama.
Aprendo algo nuevo cada día.
Sé leer y escribir.
Vivo en Estados Unidos, Canadá, México, etc....
Soy relativamente sano.


Ahora tienes dos listas:


Lista A: Las cosas que necesitas para ser feliz.


Lista B: Las bendiciones que ya tienes.


Ahora te quiero enseñar algo increíble. ¿Cuál de las dos listas crees que tiene mejores cosas escritas? Por ejemplo: En la lista A pusiste un millón de dólares (o un billón si eres realmente ambicioso), y vamos a decir que pusiste "ojos" en la lista B.


¿Qué preferirías tener: ojos o un millón de dólares? ¿No te importaría perder tus piernas por esa cantidad de dinero?


¿Cuál es el precio que marca la etiqueta de la vida?


Sin excepción alguna, les he enseñado a las personas que la lista de lo que tienen es mucho más valiosa que la lista de lo que piensan que los haría felices. Entonces, si la gente ya tiene una lista de bendiciones increíbles y no están satisfechos ¿por qué deberían pensar que serían felices si tuvieran más cosas?


No te imaginas la gente con la que he hablado y que a pesar de tener muchos problemas llegan a reconocer lo invaluable que son sus bendiciones.


Los únicos que estuvieron renuentes a reconocer la cantidad de cosas increíbles que tenían en sus vidas fueron los que estaban cerca del suicidio. El suicidio viene por pensar obsesiva mente en las carencias de la vida.


¿Qué puedes aprender de todo esto? Que es maravilloso querer cosas nuevas, pero tienes también que tener placer del presente. La fórmula no es: "Si sólo tuviera X podría ser feliz" - pues no serías feliz. Cuando tengas X, vas a dedicarte a obtener Y. No tiene nada de malo querer tener X o Y, pero ¿por qué no disfrutar lo que ya tienes mientras tanto?


El Campo de Entrenamiento para la Alegría


Me acuerdo de la primera vez que enseñé en una clase el tema de la felicidad. En una parte de la clase, le pedí a mis alumnos que hicieran una lista de los placeres que tuvieron ese día. "Escojan cosas que realmente hayan sentido muy fuerte", les dije.


Adivina qué estaba escrito en la lista. Cosas como: "conciencia de Dios" y "ayudar a una viejita a cruzar la calle".


Les dije: "No quieran aparentar, esas son cosas que piensan que deben decir. Quiero que me digan algo que realmente sintieron".


Una niña que estaba sentada al fondo del salón, con vergüenza levantó la mano y preguntó: "¿Una deliciosa taza con café en la mañana, sirve?".


Le pregunté: "¿cómo te sentiste cuando la tomaste?".


"Fantástico" - me dijo.


"Yo me senté al sol antes de comenzar la clase y me sentí muy a gusto" - dijo otra persona.


"Yo recibí una llamada de mi hermana hace unas cuantas horas" - dijo un tercero.


Esos fueron realmente buenos ejemplos.


Cuando le pido a la gente que recuerden un momento de felicidad, piensan que estoy buscando que me contesten algo santo o fuera de lo común. Eligen cosas demasiado grandes que creen que deben sentir, pero que probablemente no sienten. Además, no nos pasan muchas cosas grandes a lo largo del día. La vida está compuesta de miles y miles de momentos pequeños.


La verdad es que la felicidad es el estado natural del ser humano. Observa un bebé por unos cuantos minutos. Los bebés no parecen tener demasiada dificultad para ser felices.


Para que entiendan mejor el tema suelo llevar helado a los seminarios. El estado de ánimo de todos generalmente cambia y muestran puras sonrisas. El helado hace el truco - les hace olvidar sus problemas y los enfoca en la bondad de la vida. El estar feliz debería ser un placer sentido en todas partes, no sólo un concepto abstracto que queda en la mente.


Observa durante tres días tus momentos de felicidad. Cada vez que sientas un momento de placer, identifícalo. Vas a ver que son pocos y no suceden muy seguido - no porque son pocas las oportunidades de sentirlos, sino porque estás preocupado o estás pensando en lo que está mal.


Cada momento puede ser vivido con placer. Si pudieras, de repente, ver o escuchar por primera vez estarías lleno de alegría... por lo menos durante un día entero.


Observar una flor, ver a un amigo caminando hacia ti, disfrutar algo que estás comiendo; todos estos son momentos de felicidad.


La gente me pregunta frecuentemente si debería escribir sus momentos de felicidad y mirar la lista diariamente. La verdad es que no debemos de estancarnos con los viejos placeres. Cada segundo trae nuevos placeres. ¿Para qué necesitas ver la lista de los placeres que viviste ayer?


La felicidad es la actitud de percibir el bien que constantemente viene hacia nosotros. Hay tanto bien viniendo a cada minuto que no hay necesidad de volcarnos al pasado. No necesitamos tomarnos de una cuerda, para impedir ahogarnos, si estamos pisando tierra firme.


La clave está en acostumbrarnos a observar las cosas buenas, en lugar de quejarnos todo el día de las cosas que están mal. Me refiero a esto como un tipo de campo de entrenamiento. En un campo de entrenamiento militar, por ejemplo, el ejército le enseña al soldado cómo hacer las cosas instintivamente aunque nunca la haya hecho antes en su vida, como desarmar y armar un arma. Tenemos que trabajar para obtener los hábitos de la felicidad. Estamos tan programados para ver lo malo o tan acostumbrados a dar por sentado las bendiciones, que nos volvemos insensibles a todas las cosas interesantes, buenas y agradables que nos rodean.


Sentir Alegría por el Futuro


Los seres humanos viven en el tiempo. He encontrado que no es suficiente para la gente sentirse bien en el presente; también necesitan sentirse optimistas respecto del futuro. Este optimismo es llamado "alegría".


Alegría significa sentirse emocionado y entusiasmado acerca del futuro.


Una persona que siente que la vida es maravillosa hoy, pero que está preocupada y desilusionada por la semana entrante, pierde totalmente el sabor de la vida.


Llevé a mis hijos a un viaje a Disney hace unos cuantos años. Estaban tan emocionados la noche anterior que les fue muy difícil ir a dormir.


¿No sería increíble si pudiéramos vivir así - tan emocionados acerca de lo que ocurrirá al día siguiente – que no deseamos tener que ir a dormir por la noche?


La alegría nos da un sentimiento de poder y energía.


En la televisión norteamericana había un juego llamado "El Barrido del Supermercado", en el cual los concursantes tenían un carro de supermercado en una gran tienda y les daban dos minutos para tomar todo lo que pudieran. El carro de la persona que contuviera la mercancía de mayor precio ganaba. La gente corría a lo largo y ancho de la tienda como canguros salvajes.


Este es un ejemplo exagerado del poder de la alegría (por cierto, si tienes alegría por el futuro pero no por el presente estás a la mitad del camino).


La gente utiliza muchos métodos para alcanzar la felicidad. Algunos de ellos lo hacen muy bien, pero otros están condenados a fracasar. Vamos a ver dos ejemplos:


Ilusión


Tengo que ser muy cuidadoso en la manera en la que explicaré este concepto, porque sino pueden malentenderse Los deportes profesionales son un muy buen ejemplo de este tipo de alegría. ¿Qué pasa cuando un equipo de béisbol gana la serie mundial? La ciudad se vuelve loca. Miles de personas salen a las calles gritando: "somos los campeones, somos campeones".


Cuando estaba en la universidad, los Tigres de Detroit ganaron la serie mundial. Detroit era mi ciudad natal. Un año antes, la ciudad había tenido el peor disturbio racista en la historia de los Estados Unidos.


Fui con unos amigos al centro de la ciudad. La gente estaba bailando encima de sus coches, la gente se abrazaba una con otra y llevaban letreros con la "V de victoria". Fue muy divertido.


La razón por la cual llamo a esto "ilusión" es porque no se convierte en algo significativo, se disipa rápidamente.


La alegría viene por sentir un tipo de poder: "Mira lo que acabamos de hacer. Podemos hacer lo que sea si trabajamos juntos". Esto es la alegría. Pero sólo porque 25 jugadores de béisbol ganaron el campeonato mundial no significa que en el futuro van a poder lograr muchas otras cosas.


Por eso es que no es duradera.


Otro ejemplo de esto es ganarse un millón de dólares en la lotería. La alegría es que vas a poder hacer lo que quieras. Pero si no sabes lo que quieres, vas a perder el control, y la oportunidad seguramente se va a ir de tus manos.


He leído una gran cantidad de historias sobre personas que se ganan la lotería, compran barcos, toman vacaciones, compran una casa nueva y están invadidos por oportunistas. Sin darse cuenta, la vida de ellos con ese dinero es peor que antes. Difícil de creer, pero cierto. Sin embargo, es una muy buena oportunidad.


Lo Real


Las personas realmente sienten alegría cuando se casan o tienen un hijo. La vida comienza a tener un sentido mayor. La alegría viene por la anticipación de compartir el resto de tu vida con alguien que verdaderamente amas. El futuro es brillante. Van a haber paseos en el parque, bebes, partidos de fútbol infantiles, adolescencia, una boda.


Contribuye a una mejor vida - la realidad debajo de este concepto es cierta.


Esto proviene del sentimiento de que estás haciendo algo con tu vida que te dará un significado eterno. Es lo que los seres humanos buscan. Este tipo de alegría viene cuando, por ejemplo, experimentar que estás creciendo en sabiduría, que estás mejorando la vida de otras personas o que estás cambiando el mundo.


Cuando la gente piensa que son un mero "cero a la izquierda", que su existencia no se nota, no pueden sentir un sentimiento de alegría. Es por eso que necesitamos sentir que nuestras relaciones tienen permanencia, que nuestra sabiduría y buenas acciones tienen un valor duradero.


Mucha gente siente - y yo soy uno de ellos - que creer en Dios y en la vida después de la muerte es una parte importante para este sentimiento de optimismo y alegría.


Fuente: Extraído del libro... Poderes del Alma, es un articulo escrito por http://www.aishlatino.com,






Para terminar les dejo este cuento... El efecto 99



Esta era una vez un rey que estaba en busca de la felicidad ya que aun cuando tenía todos los placeres a su alcance debido a su inmensa riqueza, siempre se sentía vacio y nunca estaba satisfecho con lo que poseía. Tal era su infelicidad que admiraba a uno de sus sirvientes más pobres, que sin importar su condición económica, irradiaba dicha y gozo sincero por la vida.


Motivado por lo anterior, fue con el sabio del reino a solicitar su consejo y le pregunto: ¿Cómo es posible que uno de mis sirvientes, aun siendo pobre sea más feliz que yo, el gran rey?


El sabio hizo una pausa y le contesto: Para poder explicarte la razón de tu infelicidad y de casi todos los hombres, necesito que comprendas EL EFECTO 99.


¿Y qué significa eso? pregunto el rey.


Para que lo puedas comprender necesito que consigas un costal con 99 monedas de oro. En el momento que lo tengas ven y podré explicarte.


El Rey ni tardo ni perezoso fue de inmediato a conseguir lo que el sabio le había pedido y regreso con el. El sabio le dijo que lo que seguía para poder comprender EL EFECTO 99 era que siguieran a escondidas al sirviente hasta su casa, cosa que hicieron esa misma noche.


Cuando el sirviente entro a su casa, el sabio puso el costal con las 99 monedas en la entrada de su casa, toco a la puerta y corrió a ocultarse junto con el rey. Cuando el sirviente salió, vio el costal, lo recogió y se metió de nuevo a su hogar. El sabio y el rey prosiguieron a espiarlo desde la ventana.


Cuando abrió el costal, el sirviente quedo asombrado con su contenido, estaba encantado y sin perder tiempo comenzó a contar todas las monedas. Cuando terminó el conteo, se rascó intrigado la cabeza y comenzó de nuevo el conteo ya que el suponía que le hacía falta una moneda para completar las 100.


Al terminar el segundo recuento el sirviente se desespero y comenzó a buscar debajo de la mesa sin rastro alguno de esa moneda perdida, por lo que comenzó a angustiarse.


Fue entonces cuando el sabio le dijo al Rey: Te das cuenta, eso es justamente a lo que me refería con el efecto 99. El sirviente, al igual que tu, han dejado de valorar la mayoría de sus bendiciones para enfocarse en los pequeños detalles que “creen” les hacen falta. En ello radica la infelicidad del ser humano.




jueves

Un cuento para niños y adultos. Especial para estas Navidades... La Estrella Verde



Por esta época nuestros hijos tienen mucho tiempo libre y es el mejor momento para compartir con ellos estos cuentos con moraleja, otra forma de enseñarles algunos valores que por siempre deben estar presentes en su vida, para asirnos de ellos cuando llegamos a adultos.






En el cielo existían millones de estrellas... estrellas de todos los colores: blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas, azules.



Un día, inquietas, ellas se acercaron a Dios y le dijeron:

Señor Dios, nos gustaría vivir en la tierra entre los hombres.



- Así será hecho, respondió el Señor. Las conservaré a todas ustedes pequeñitas, como son vistas para que puedan bajar a la tierra.



Cuéntase que en aquella noche hubo una linda lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños y la tierra quedó maravillosamente iluminada.



Pero con el pasar del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los hombres y volver para el cielo, dejando la tierra oscura y triste.



- ¿Por qué volvieron?, preguntó Dios, a medida que ellas iban llegando al cielo.

- Señor, no nos fue posible permanecer en la tierra, allí existe mucha miseria y violencia, mucha maldad, mucha injusticia.



Y el Señor les dijo: ¡Claro! El lugar de ustedes es aquí en el cielo. La tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquello que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere, nada es perfecto. El cielo es el lugar de la perfección, de lo inmutable, de lo eterno, donde nada perece.



Dios habló de nuevo: Nos está faltando una estrella, ¿será que se perdió en el camino?



Un ángel que estaba cerca replicó: No Señor, una estrella resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió que su lugar es exactamente, c donde existe la imperfección, donde hay límite, donde las cosas no van bien, donde hay lucha y dolor.

- ¿Qué estrella es esa?, volvió Dios a preguntar.

- Es la Esperanza Señor. La estrella verde; la única estrella de ese color.







Pero el cuento no termina aquí... ¿Quieren saber qué pasa cuando se enferma la Esperanza?






En un pueblito lejano ....

Un forastero desaliñado llegó... como venía cansado, se sentó al lado de la fuente, en medio de la plaza.Después de refrescarse el rostro y las manos, se dispuso a reponer fuerzas sacando de su mochila un pedazo de pan y algo de queso. Mientras comía pausadamente, no dejaba de mirar a un lado y a otro como si estuviera asombrado. Había conocido muchos pueblos semejantes a aquél, por eso no se explicaba la rara sensación que lo embargaba:




"«¡Hummmm, aquí pasa algo! ¡Algo raro tiene este pueblo!», murmuró para sus adentros.

En aquel momento, de una casa cercana a la plaza salió un niño. Con paso cansino se dirigió a la casa de al lado y llamó a la puerta. Al poco rato se le acercó otro niño y ambos se sentaron en el umbral después de un breve saludo.

Pasaba el tiempo. Los niños no hablaban entre ellos y en sus caras se reflejaban el desgano y el aburrimiento. Uno de ellos tomaba piedrecitas del suelo que luego arrojaba enfrente sin prestar atención, el otro parecía ensimismado en la contemplación de sus uñas...

El forastero los miraba sorprendido, ya que estaba acostumbrado, al llegar a un nuevo pueblo, a verse rodeado de niños que le preguntaban de dónde venía y hacia dónde iba. Aquellos dos, en cambio, parecían ignorarlo, aunque de vez en cuando lo mirasen de reojo.

El asombro del forastero fue aumentando cuando vio que otros niños iban reuniéndose alrededor de los dos primeros. Se sentaban en el suelo y permanecían allí sin decirse nada... ¡Qué niños tan raros!

Precisamente aquella hora, la de la siesta, era la mejor para jugar libremente, lo había sido siempre, ¿por qué no jugaban aquellos niños?, ¿por qué teñían el aburrimiento marcado en sus miradas?

Pensando en ello, tomó su cantimplora y después de beber decidió resolver aquel misterio...

–¡Hola, chicos! ¿Qué tal? ¿No saben a qué jugar?

Los niños se miraron entre ellos.

–¡Se nota que no es de aquí! –le respondió uno melancólicamente.

–Así es, y estoy asombrado de ver unos niños como ustedes, con esas caras, sin saber qué hacer, yo que en tantos pueblos he estado…

–¡Éste no es un pueblo como los demás! –lo interrumpió una chiquilla malhumorada.

–¿Estás enojada conmigo? –el forastero se rascaba la cabeza confuso.

–Bueno, usted es forastero y no sabe nada de nuestra desgracia... –añadió un tercero con aire desganado.

–¿Una desgracia? ¡Ya lo creo que lo sé! Tener que ir todos los días a la escuela. Es eso, ¿verdad?

Por lo visto el forastero quería hacerse el gracioso, pero no tuvo mucho éxito ya que los niños siguieron callados con un gesto de enojo en sus rostros. Quizá por eso el forastero cambió de tono:

–Por favor, ¿quieren decirme qué les pasa? ¿Qué pasa en este pueblo?...

Esta vez los niños parecieron comprender su interés. Dudaron un momento, pero luego le hicieron un lugar a su lado.

–Mire, lo que ocurre es lo siguiente –empezó a decir el que parecía mayor de todos–: los niños de este pueblo estamos muertos de aburrimiento. No tenemos ganas de jugar... Una noche una estrella verde apareció en el cielo y desde entonces no hemos vuelto a tener ganas de jugar... No sabemos qué hacer, no se nos ocurre nada, hemos probado casi todo y todo ha sido inútil. ¡Nos aburrimos como hongos! Nuestros padres también están muy preocupados, nos han llevado a muchos médicos...

–¿Y qué? –el forastero estaba cada vez más interesado.

–¡Y nada! Seguimos más aburridos que antes.

–Antes nos bañábamos en el río...

–Y atrapábamos renacuajos...

–Jugábamos al escondite, andábamos en bicicleta, patinábamos...

El forastero no los dejó seguir con sus añoranzas, los niños se quedaron boquiabiertos al oírle decir:

–¡Pero si está bien claro! ¡La estrella verde! ¡Cómo no me he dado cuenta antes! Ya me parecía a mí que en este pueblo había gato encerrado –se daba golpes en la frente como si estuviera enojado con ella–. No se preocupen. Yo sé cómo arreglar esto. Les diré lo que tienen que hacer...

Los niños estaban deslumbrados por la sorpresa. Algunos comenzaron a mirarle con desconfianza... pensando que aquel hombre quería tomarles el pelo, pero la mayoría se apretujó a su alrededor, ansiosa por escuchar sus palabras:

–Esa estrella está enferma, por eso es de color verde... ¡Sí, sí, no me miren con esa cara! Y si quieren jugar, pasarlo bien y vivir como antes, tendrán que curarla.

–¡Una estrella enferma! ¿Y cómo la podemos curar?

–Escuchen atentamente porque no hay tiempo que perder. Tienen que conseguir una botella verde y mañana al amanecer, cuando salga el sol, deben abrirla y dejar que dos rayos de sol entren en ella. Ciérrenla bien. Durante el día, manténganla en el río, en un lugar donde no pueda llevársela la corriente... Dentro de la botella los dos rayos de sol irán agrandándose y fortaleciéndose. Y a la noche, cuando aparezca la estrella verde, suban a una montaña y desde allí apunten la botella hacia la estrella enferma... Quítenle el tapón y proyecten los dos rayos solares hacia la estrella verde... ¿Entendieron?

–¿Eso es todo?

–¿Así se curan las estrellas verdes? -¿Al día siguiente podremos volver a jugar?



Los niños empezaron a acosarlo con preguntas, pero el forastero los interrumpió enseguida:

–¡Bueno, bueno... no he terminado todavía! Ya saben que las estrellas están muy lejos y no les puedo decir cuánto tiempo van a necesitar esos dos rayos de sol para llegar a la estrella verde... Así que, después de hacer lo que les he dicho, falta lo más difícil: ¡ESPERAR! No me pregunten cuánto tiempo, porque no lo sé... –los niños parecían un poco desilusionados–. Por eso les aconsejo hacer bien lo que he dicho y esperar pacientemente.



El forastero se levantó del suelo, sacudió sus viejos pantalones...

–Bueno, tengo que marcharme ya, el camino me espera... –sonreía feliz–. ¡No se preocupen, todo se arreglará!

Tomó del suelo su mochila y se la colgó al hombro.

–¡A ver si cuando regrese a este pueblo, los encuentro felices y contentos! ¡Adiós!

–¡Adiós! –los niños estaban algo desconcertados.

Él se volvió varias veces para saludarlos con la mano y se fue alejando lentamente sin mirar hacia atrás.



–¿Será verdad todo lo que ha dicho? –preguntó a los demás un niño con aspecto de despertarse de un sueño...

–Podemos probar. No tenemos otra salida –decidió el que parecía el mayor de todos.

Los niños durmieron poco aquella noche. Y ya antes del amanecer se reunieron todos en la plaza. No les fue difícil encontrar una botella verde, ni guardar en ella los dos primeros rayos del sol. Durante el día mantuvieron guardada la botella en el río y a la noche, quitándole el tapón, enviaron su contenido a la estrella verde.



Y empezaron a esperar. Se fueron enfriando los días, las golondrinas huyeron, los senderos se cubrieron de hojas cobrizas y las puertas de la escuela volvieron a abrirse para los niños. Éstos, a pesar del tiempo transcurrido, seguían malhumorados y apáticos, sin ganas de jugar. Mirándolos, la gente del lugar se entristecía, así que aquel pueblo fue convirtiéndose en un pueblo triste, el más triste del mundo.



Bueno, no todos sufrían por aquella desgracia que aquejaba a los niños... El maestro, por ejemplo, vivía mucho más feliz que antes. Los niños ya no lo hacían rabiar, ni golpear furiosamente la mesa queriendo imponer un poco de silencio... Era viejo y estaba cansado, así que la calma y la apatía de los niños le venían a las mil maravillas.

–Maestro, ¿cuánto tiempo pueden tardar dos rayos de luz en llegar a una estrella? –preguntaron una vez los niños.

El maestro se extrañó de aquel repentino interés y se puso en guardia.

–Pero, ¿qué me están preguntando? ¡A qué distancia están! Vamos a ver, ¿es que todavía creen en lo que les dijo el vagabundo? ¡Qué inocentes! Aquello fue una broma, ¡quién puede tragarse esa historia! ¡Sólo me faltaba escuchar estas tonterías! ¡Vamos, vamos..., sigan estudiando!



Pero de noche, cuando nadie lo veía, el viejo maestro se quedaba mirando al firmamento, temeroso de que la fórmula del forastero surtiera efecto... Como para tranquilizarlo, la estrella enferma aparecía en el cielo más verde y brillante que nunca.

–¿Tan lejos está esa maldita estrella o es que aquel forastero nos engañó a todos? –se preguntaban los niños, crispados.



Cuando los árboles quedaron totalmente desnudos, el frío aire del invierno obligó a los niños a quedarse junto al fuego. Se olvidaron del forastero y también de que algún día tuvieron un poco de esperanza. Los patines y las bicicletas se oxidaron, se desinflaron las pelotas, se perdieron las figuritas y las bolitas, las muñecas se cubrieron de polvo y todos los demás juguetes fueron quedando arrinconados en ese pueblo desdichado.



Pero una tarde, pasó algo realmente extraordinario:

–¡Eh, miren cómo se está poniendo el cielo! –exclamó alguien en la escuela.

Todos los niños se acercaron a las ventanas.

–¿Pero qué es lo que pasa ahora? ¡Vuelvan a sus bancos! ¡Siéntense ahora mismo!

Pero el pobre maestro fue el primero en quedarse maravillado al ver los inusitados colores con que se estaba cubriendo el cielo: nubes de un color muy vivo, medio grises, medio verdes... de tonos brillantes y fulgurantes. ¿Qué era aquello? El maestro no había visto cosa igual en su vida... Enseguida empezó a nevar. Una nieve fina y verde.

–¡Nieve verde! ¡Nieve verde! –el maestro palideció de miedo.



En unos instantes todo el pueblo quedó verde. Verdes sus tejados y chimeneas, verdes las ramas de los árboles y la torre de la iglesia. Las cabras del monte, la leña partida, los carros y hasta la ropa tendida quedaron verdes y relucientes...



Los niños, locos de alegría, se tiraban bolas de nieve verde, gritaban, se revolcaban, corrían de un lado para otro.

–¡Eh, nuestros niños están jugando de nuevo! ¡La estrella verde se ha curado! –gritó alguien, entusiasmado.



La gente salió de sus casas, se abrazaban y lloraban de alegría viendo a los niños reír, gritar, correr, jugar, jugar, jugar...

Fue una noche inolvidable. Se organizó una fiesta impresionante, con música, bailes y juegos en medio de la verde nieve. Sólo el maestro, refugiado en su escuela, parecía desolado.

«¡Nieve verde! –se decía–. Los niños tenían razón..., aquel forastero tenía razón... Ahora la estrella se ha curado, ¡ay, ay!... Todo volverá a ser como antes.



Al día siguiente, un pálido sol fue derritiendo la nieve. Todos miraban con tristeza deshacerse ante sus ojos aquella maravilla que había devuelto la alegría y la esperanza al pueblo. La nieve desapareció pero no así la alegría de los niños, que duró siempre, unas veces mayor y otras veces menor... como suele ser normal, y como pasa en los pueblos que no han visto jamás una estrella verde.






Pero... cuando las otras estrellas miraron para la tierra, la estrella no estaba sola. La tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene y Dios no necesita retener es la esperanza.




Dios ya conoce el futuro y la Esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe como será el futuro.



Recibe en este momento esta estrellita en tu corazón, la esperanza, tu estrella verde. No dejes que ella enferme y mucho menos no permitas que se aparte de ti. . Ten certeza que ella iluminará tu camino, sé siempre positivo y agradece a Dios todo. Se siempre feliz y contagia con tu corazón iluminando a otras personas.




Tomado de la Red y de www.taringa.net y colección Te Cuento.

Nunca debemos rendirnos... Siempre hay algo que podemos hacer

Este vídeo habla por mi... Nunca te rindas, por difíciles que sean los problemas... porque las circunstancias te sean adversas... porque la vida y la humanidad te pongan trampas... por lo que sea... Nunca te rindas! Da la batalla, porque la vida y tu merecen una nueva oportunidad!.